viernes, 10 de marzo de 2017

Costra sobre costra.


La distopía se deja ver cuando se abren los párpados, la utopía cuando se cierran a conciencia. Hacer de cada momento un suplicio lo puede hacer cualquiera, convertir el suplicio en arte está solo al alcance de unos pocos. Llamarlos privilegiados sería decir mucho, ya que respirar en sus pulmones suele traer nubes de alquitrán incombustible; gajes de la falta de oficio remunerado. No me mires si no quieres verme, así de simple. Me regocijo en mi pocilga mental como un cerdo que evita pensar en el matadero aunque lo tenga muy en cuenta. Qué gracioso, ¿verdad? Está muy bien cuando la ausencia no es la tuya, o cuando lo es pero te hace sentir como si la película en la que vives te hubiera negado el papel que ya te has aprendido. Es curioso con la facilidad que se olvidan los problemas. Solo los cables le dan impulso a las neuronas sueltas que quedan en algún lugar tocando el timbre, aunque nadie conteste. Con la rutina se intenta acomodar a las máquinas a una vida más humana, es decir; más inútil. Tiempo perdido, insurgencia monocromo de recuerdos que no vuelven por mucho que los llame. No vuelvo a beber vino en este estado. No me lo creo ni yo, pero había que intentarlo. El autoconvencimiento es la bandera con la que la población mundial evita pensar en el suicidio; recemos por que no lo consigan todos. Es curioso ver como lo mejor para uno mismo acaba por ser el peor mal para todo lo demás, pero aún más curioso es saber que nada de eso le importa a nadie. Que estamos jodidos es un hecho, que no lo demostremos es la prueba. Tiritar no es solo tener frío sino tener la certeza de que no lloverán mantas, por mucho que aún haya personas entre la gente. De ahí que nada importe, salvo entrometerte en tu propia vida vista desde fuera para criticar algo conocido sin quedarte solo. Las apariencias no engañan, retuercen las carencias por autodefensa. Pero hasta la mejor máscara tiene grietas y, como todo el mundo tiene la suya, saben verlas tras la capa de maquillaje. De ahí que todo se resuma en un baile de siluetas cojas intentando despistarse para arrancarle la pierna a alguien esperando a que encaje. Lo que no entienden es que tener todas las piezas no significa estar completo; es sólo costra sobre costra.

lunes, 13 de febrero de 2017

Desahogo


Es la quinta vez; la quinta en un día,
Que mis entrañas me miran y señalan,
Como a un viejo conocido que ha olvidado,
Dónde encontrar su reflejo perdido.
Por ello no busco que me recuerden,
Sólo que me reconozcan sin dar señales,
Que las cicatrices son las únicas de verdad,
Y nunca es recomendable irlas mostrando.
Se pueden colar moscas. Dejar larvas.
Entonces sería más fácil, más que eso,
Nadie olvidaría nunca al hombre que las cría,
Del que salen volando miles de ellas,
Aquel que las mira como a sus hijas, sonriendo.
Aunque se desangra por el camino, no queda otra,
Los huecos que deja la creación no respiran,
O lo hacen demasiado y oxidan el puño de acero,
Que no deja de grabar fotografías en los espejos.